Hace ya un tiempo, allá por Navidad, les pedimos a los Reyes Magos que al pasar por casa nos dejaran algunos libros. Alejandra se ha aficionado mucho a la lectura de cuentos. Ya desde muy pequeña los manipulaba y se concentraba en las ilustraciones, disfrutaba mientras le contabas cómo eran los bichitos, muñecos, animales y esas cositas que tienen los libros de bebés. En su habitación tiene una mini-biblioteca en la que ella va acumulando sus joyas y, de vez en cuando, la puedes ver sentada sacando y metiendo libros mientras dedica un tiempo a cada uno. Entre estos libros se encuentra “Yo mataré monstruos por ti” de Santi Balmes, un libro dulce y maravilloso que cuenta la historia de una niña y una monstrua que superan sus miedos juntas. Este es uno de los libros que los Reyes decidieron dejar en casa, quizás un poco precipitado para su edad, pero se podía adaptar cuando mamá o papá se lo contaban.

Más o menos por esa época Alejandra comenzaba a despertarse por las noches, muy asustada, con un llanto de esos que sabes que quieren decir MIEDO. Ese momento que está despierta pero no del todo, que sigue pensando o soñando con lo que le ha asustado. Esos momentos son los que se denominan pesadillas y terrores nocturnos. Os cuento un poco en qué consisten y cómo podemos actuar. Lo primordial es vuestra ayuda, hay que superarlos y no alarmarnos demasiado. Poneros en su lugar, todos hemos tenido miedos y pesadillas y lo hemos pasado mal. Lo último que queremos es que nos regañen o no nos hagan caso.

Las pesadillas suelen aparecer a partir de los 18 meses aproximadamente, se despierta alterado después de un mal sueño y reclama a sus padres. En los terrores nocturnos el niño no está totalmente despierto, llora o grita y es más difícil de consolar. Debemos estar con él hasta que este estado remita, esperaremos a que se tranquilice y le volvemos a acostar.

Si el pequeño es propenso a tener pesadillas, deberíamos tener cuidado a la hora de elegir el cuento de la noche. Podemos en estos casos usar nuestra imaginación e inventar uno en el que el protagonista sea un niño con su mismo problema que encuentra una solución.

Muchas veces la presencia de los padres es esencial para el alivio de los temores. Acude a su lado, abrázalo, bésalo e intenta relajarle. Si no sois vosotros los que estáis en casa es importante que la persona que está con él esté al tanto de cómo debe actuar y sea conocida para él.

Algunas situaciones del día a día pueden crear en el niño nerviosismo. Lo que para nosotros es algo cotidiano (como hablar con desconocidos o llevar un ritmo muy rápido por ejemplo), para él puede ser agotador o temeroso. También hay situaciones que le gustan pero al mismo tiempo le pueden generar miedos por la noche (los cochecitos, animales…). Estemos al tanto para evitarlo en la medida de lo posible.

El miedo a la oscuridad es algo común. Con algo de luz en la habitación sería suficiente, un adhesivo luminoso de pared, los famosos quitamiedos de enchufe, la luna por la ventana en verano… Es muy bonito jugar a escuchar sonidos de la calle e identificarlos a oscuras. Pero las sombras suelen jugar malas pasadas. Jugar con linternas, crear figuras y ser creativos con ellas también pueden ayudarle.

Y los famosos monstruos o seres malvados. Cuidado con los dibujos que ven los niños y los programas de televisión violentos. Ayudarle a capturarlo, crearos un cazamonstruos y sacarlos por la ventana, tirarlos al cubo de la basura o meterlos en el maletero del coche. Seamos niños por un momento y dejémonos llevar por nuestra imaginación. Es una de las mejores medicinas para nuestros hijos, nuestra imaginación y creatividad.

Y cuando Alejandra me dice: “¡¡Mamá!! Hay un monstruo sentado en mi cama”, entro a la habitación muy enfadada y le digo: “¡Pero tú has visto qué horas son monstruo! ¡Anda vete a tu casa que estará tu madre esperándote!” Y le acompaño a la puerta. Porque ahora y siempre… YO MATARÉ MONSTRUOS POR TI

Azucena Ponce